eventualmente todo está bien.
eso lo sé.
de hecho, ha pasado. Por muchos motivos las cosas están bien, a pesar de que algunas están mal.
la cosa es que uno piensa que es especial. Uno piensa que uno es distinto, que le pasan cosas distintas, que dentro de este enorme mundo uno no se compara con otro ser humano porque algo de maravilloso tiene, pero resulta que no, que uno es tan igual como el de al lado, que no tiene nada ni de especial ni de distinto, que la vida de uno es tan normal como la vida del que está sentado al lado en el suelo del metro.
qué me distingue entonces? mi voz? mi adn? el hecho de que no tengo que plancharme el pelo pero que sí tengo que tomar pastillas para la jaqueca?
al intentar no ser uno más del montón me uno al montón de los que no son más del montón, o sea, me uno a otro montón más.
y aquí estoy, si no es en un montón, en el otro.
Borrando cosas de mi vida, escribiendo otras nuevas, aprendiendo, siendo la misma, siendo distinta, siendo como todos, pero al mismo tiempo como nadie.
aqui estoy, planeando y cumpliendo los planes, riendo, gritando, pero más que nada buscando.
no quiero nunca más decir te quiero.
no quiero nunca más decir adiós.
no quiero nunca más llorar por nadie.
no quiero nunca más sufrir.
no quiero nunca más que algo duela.
quiero, simplemente, ser feliz.
y sí, eventualmente todo está bien. A pesar de que hay cosas que no lo están, sí lo están.
y no eventualmente, ahora.
hoy, ahora, en este momento, elijo ser feliz, elijo dejar de torturarme, elijo dejar de pensar en aquello no puedo cambiar, elijo aceptar las cosas como son, regocijarme en el dolor y en la alegría, elijo tomar aquello que me enternece, y seguir.
hoy elijo ser tan normal como el de al lado, pero tan distinta como suelo serlo.
elijo ser yo, feliz, sola, tranquila.
elijo tomar mis maletas en tres meses más, embarcarme en una aventura, cumplir un par de sueños y mirar luego el horizonte, en otras tierras, lejos de éstas que tanto mal me han entregado.
elijo olvidar. elijo recordar. elijo cerrar puertas, elijo abrir otras.
elijo la gente a la que quiero volver a ver, a la que voy a extrañar, y la que no.
elijo irme, lejos, pero no tanto.
elijo tomar las riendas, elijo qué sentir.
elijo aprender, y elijo equivocarme.
elijo no ser débil, y alejarme de quienes lo son.
y lo mejor lo que me diferencia es que elijo.
Con dolor, con pena, con rabia, con alegría, con miedo, pero elijo. Y decido.
me ha tocado difícil, como a tantos otros. Y sigo andando, como tantos más.
ya tendré mi premio al final del camino, pero todavía no.
aún me queda mucho camino por recorrer.
asi que estiro mis alas, mis enormes alas, a donde el viento me lleve, lejos y sin amarras.
un beso, queridos míos, por fin soy feliz, porque (después de tanto) está todo bien.
10-11-09
01-10-09
lo último, para tí
te borro, y desapareces.
en dos segundos, ya eres solo recuerdo.
te borro.
tomo todas tus cosas, todo lo que tiene que ver contigo, lo meto en una bolsa y se va a la basura.
queda solamente lo que tiene que ver conmigo.
te borro, y desapareces.
te borro, porque fuiste un error, una mentira mal contada, una canallada cuando estaba vulnerable, algo de lo que finalmente me arrepiento.
te borro, porque nunca debiste haber existido, al menos no en mi camino.
te borro, porque cada palabra tuya ahora me duele, cada segundo fue un engaño, porque me pillaste volando bajo, y eso también fue injusto.
te borro, porque tengo que borrarte.
no sé qué aprendí de tí, no sé de qué me serviste, no sé con qué me ayudaste.
queda un recuerdo tonto, pero eso también se tiene que ir.
te borro, porque tengo que borrarte.
te borro, porque te llevaste tantas cosas, pero son cosas que pretendo tener de vuelta.
hoy hice tantas cosas sola, lo cómico es que no hay ninguna diferencia en cómo hacía las cosas cuando se suponía que no lo estaba.
te borro, porque te llevaste dos años y medio de mi vida, y ojalá no los hubiese perdido a tu lado.
te borro, porque nunca debiste estar aquí.
y lloro no por tí, sino por el tiempo perdido.
cómo llorar por alguien que ya no existe?
ya no te quiero, tampoco te odio, sólo lamento los días que gasté diciéndote cosas que podrían seguir siendo ciertas, porque se las pude haber dicho a alguien más.
te borro, en este instante te borro, y ya no existes, ya no importas.
con el dolor de mi alma, te borro, porque nunca quise borrarte, pero tú me obligaste.
con el estómago apretado, te borro, porque las cosas no debieron ser así.
pero con la conciencia tranquila, te borro, porque sé que hice todo lo que pude.
con un suspiro de alivio, con cansancio, con pena, con rabia, con tantas cosas, te borro.
de verdad, ojalá no tuviese que borrarte.
de verdad, ojalá no hubieses existido.
en dos segundos, ya eres solo recuerdo.
te borro.
tomo todas tus cosas, todo lo que tiene que ver contigo, lo meto en una bolsa y se va a la basura.
queda solamente lo que tiene que ver conmigo.
te borro, y desapareces.
te borro, porque fuiste un error, una mentira mal contada, una canallada cuando estaba vulnerable, algo de lo que finalmente me arrepiento.
te borro, porque nunca debiste haber existido, al menos no en mi camino.
te borro, porque cada palabra tuya ahora me duele, cada segundo fue un engaño, porque me pillaste volando bajo, y eso también fue injusto.
te borro, porque tengo que borrarte.
no sé qué aprendí de tí, no sé de qué me serviste, no sé con qué me ayudaste.
queda un recuerdo tonto, pero eso también se tiene que ir.
te borro, porque tengo que borrarte.
te borro, porque te llevaste tantas cosas, pero son cosas que pretendo tener de vuelta.
hoy hice tantas cosas sola, lo cómico es que no hay ninguna diferencia en cómo hacía las cosas cuando se suponía que no lo estaba.
te borro, porque te llevaste dos años y medio de mi vida, y ojalá no los hubiese perdido a tu lado.
te borro, porque nunca debiste estar aquí.
y lloro no por tí, sino por el tiempo perdido.
cómo llorar por alguien que ya no existe?
ya no te quiero, tampoco te odio, sólo lamento los días que gasté diciéndote cosas que podrían seguir siendo ciertas, porque se las pude haber dicho a alguien más.
te borro, en este instante te borro, y ya no existes, ya no importas.
con el dolor de mi alma, te borro, porque nunca quise borrarte, pero tú me obligaste.
con el estómago apretado, te borro, porque las cosas no debieron ser así.
pero con la conciencia tranquila, te borro, porque sé que hice todo lo que pude.
con un suspiro de alivio, con cansancio, con pena, con rabia, con tantas cosas, te borro.
de verdad, ojalá no tuviese que borrarte.
de verdad, ojalá no hubieses existido.
28-09-09
cómo?
cómo me siento?
díficil saber hoy como siento.
después de tantos días con la cabeza gacha, esperando que cambie el viento, sin ver el sol porque me lo tapan las nubes, sin poder abrir los ojos porque me los golpea la lluvia, sin poder hacer nada porque el frío paraliza, supongo que lo reina es que estoy cansada.
es la única constante, porque la rabia, la nostalgia, la pena y la angustia se turnan. Recuerdo cuando miraba por la ventana, llena de alegría y esperanza. Hoy ni siquiera encuentro la ventana.
cómo me siento? como la gota de lluvia que cae del cielo, como el suelo sediento, como las flores marchitas, como la leona en el desierto, huérfana de macho y de cachorros, deambulando con la arena quemándole las patas.
aunque también me siento como la hoja que florece, como el pájaro que estira las alas, como el oso que bebe en el río.
no me siento de la misma manera por más de dos instantes, por más que lo intente.
sé que todo pasa, lo sé, pero todavía mi cabeza con se conecta con mi estómago en un beso sano que me deje vivir.
sigo queriendo lo mismo de siempre, me sienta como me sienta. Sigo queriendo un beso, un abrazo, y una caricia, sigo esperando mi premio, dulce y sincero.
después de la guerra los soldados se reagrupan, se limpian, y de nuevo de forman. En eso estoy. Reagrupando.
como la leona se lame las heridas, yo me encierro en mi cama con los ojos cerrados y descanso, sin pensar, porque a veces pensar es malo, y sentir es peor.
ahora mismo se me cierran los ojos sueño, se me duermen las manos de cansancio, porque he luchado tanto.
ahora mismo quiero sentirme bien, pero no sé si puedo.
díficil saber hoy como siento.
después de tantos días con la cabeza gacha, esperando que cambie el viento, sin ver el sol porque me lo tapan las nubes, sin poder abrir los ojos porque me los golpea la lluvia, sin poder hacer nada porque el frío paraliza, supongo que lo reina es que estoy cansada.
es la única constante, porque la rabia, la nostalgia, la pena y la angustia se turnan. Recuerdo cuando miraba por la ventana, llena de alegría y esperanza. Hoy ni siquiera encuentro la ventana.
cómo me siento? como la gota de lluvia que cae del cielo, como el suelo sediento, como las flores marchitas, como la leona en el desierto, huérfana de macho y de cachorros, deambulando con la arena quemándole las patas.
aunque también me siento como la hoja que florece, como el pájaro que estira las alas, como el oso que bebe en el río.
no me siento de la misma manera por más de dos instantes, por más que lo intente.
sé que todo pasa, lo sé, pero todavía mi cabeza con se conecta con mi estómago en un beso sano que me deje vivir.
sigo queriendo lo mismo de siempre, me sienta como me sienta. Sigo queriendo un beso, un abrazo, y una caricia, sigo esperando mi premio, dulce y sincero.
después de la guerra los soldados se reagrupan, se limpian, y de nuevo de forman. En eso estoy. Reagrupando.
como la leona se lame las heridas, yo me encierro en mi cama con los ojos cerrados y descanso, sin pensar, porque a veces pensar es malo, y sentir es peor.
ahora mismo se me cierran los ojos sueño, se me duermen las manos de cansancio, porque he luchado tanto.
ahora mismo quiero sentirme bien, pero no sé si puedo.
20-09-09
nací de garcía márquez
He aprendido tantas, tantas cosas.
Entre aquello que he aprendido es que soy un puto personaje de García Márquez.
Florentino Ariza se quedaría pasmado si me escuchara, se enamoraría de mí en dos segundos, me tendería la mano, me diría que Fermina Daza fue para él la ilusión de lo que yo realmente soy, me diría que no existe otra como yo, tan bella y tan llena, pero tan llena de amor, que el hombre que se jacte de besarme debe ser el más afortunado del planeta, aunque no lo sepa, que mis labios dulces reviven muertos, que las coronas de flores se marchitan pero mis cabellos son inmortales, así como lo es mi tenacidad y mi amor.
He aprendido cosas buenas, cosas malas, me ha dolido el alma, he llorado tanto que me ha dado sed de agua y de vida, pero sepa dios cómo me he levantado, para seguir andando.
El que vive por amor, por amor debe morir, no?
Y yo tengo tanto amor que entregar.
No quiero un hombre que me cuide, que me instrucciones y me mantenga, que me proteja de lo malo de la vida, de lo sucio, de lo feo, lo único que quiero es un hombre que me regale un beso, una sonrisa, una caricia.
Necesito amor.
Ése es el único picor que no puedo rascarme sola.
Necesito besos, necesito abrazos, sentir el aliento en mi hombro, una mano en el cuello, la otra en las caderas, el calor del cuerpo cercano, oír la respiración entrecortada sin palabras definidas, abrir los ojos, solo un poco, para encontrarme con otros cerrados, emborrachados como los míos, mientras mis manos se aferran a una espalda como los náufragos se aferran a los maderos.
Y de aquello sólo necesito un instante.
Tampoco quiero embriagarme todos los días, sólo un trago de licor al terminar la semana, para cargar las pilas, para que mantenga el cielo azul, para dar pasos como siempre los doy.
Tengo tanto amor.
Ese alguien debe entender que mis llamadas a medianoche no son ni de celos ni de llanto, sólo son de preocupación, que esperar paseándome por la tienda mientras él busca lo que quiere no me molesta, que acostarme un tanto incómoda para poder hacerle cariño es un placer entrañable, que las cosas que dan gusto hacer no necesitan ser agradecidas. No necesito ni guardián ni príncipe, sólo alguien que reciba mi amor.
Tanto amor.
Los besos escondidos, las manos inquietas, las caricias robadas, los suspiros sin nombre. Eso es lo que quiero. Porque todo lo demás depende de mí, de nadie más.
Quién me tiende los brazos? Quién recibe mis besos? Quién quiere mi amor? Por que si no lo entrego me muero, si no hago cariño me ahogo, si no lo recibo me duele la piel.
Florentino Ariza esperó medio siglo y obtuvo lo que quiso, y durante la espera se embriagó con destilados baratos encontrados en las calles hasta que el vino que deseaba llegó a su copa.
Yo no quiero esperar. Los destilados baratos se me suben a la cabeza y me taponan los oídos, es el vino caro y bueno el que me endulza la garganta y me adormece los dedos. Eso es lo quiero.
Fermina Daza fue una estúpida. Por motivos que ni ella entiende rechazó aquello que supongo todos buscan, y vivió toda una vida en una casa que nunca fue realmente suya, al lado de alguien que la quería como se quiere a las mascotas y a los autos, y aquella certeza no la dejó siquiera amar a sus hijos en paz.
Tener las manos llenas para luego vaciarlas, por gusto, aquello no lo entiendo. Ver que alguien ofrece para no aceptarlo, tampoco lo entiendo.
Y yo lo único que quiero es tener alguien a quién amar. Nada más, por que tanto amor me está atontando, tanto amor no me deja ver claro, tanto amor parece ser una maldición que desconcierta y desconcentra, como las vasijas demasiado llenas que no se pueden mover porque derraman por todos lados.
Quién quiere mis caricias? Quién quiere mis besos? Quién tiene ganas de escuchar mi risa, de mirar mi sonrisa, de darme la mano, de tomar mi cuello mientras me aferro al suyo?
Por que es eso, nada más.
Las cosas importantes (como nacer, morir, o tener hijos) se hacen solas, los compañeros no existen, la promesas no duran más que un suspiro, los sentimientos cambian. Excepto el amor, al menos el amor que tengo yo.
No me dejen así, aturdida por mi propia intensidad, no me dejen así, con los brazos agotados de las ganas de abrazar y las caderas temblorosas por las ganas de recibir.
Tengo tanto amor. Quién lo quiere? Porque es un crimen que se pierda, que se marchite, que desaparezca como tantas otras cosas, porque es eterno, pero incluso lo eterno no dura para siempre.
Quién lo quiere? Por que tengo tanto para dar.
Entre aquello que he aprendido es que soy un puto personaje de García Márquez.
Florentino Ariza se quedaría pasmado si me escuchara, se enamoraría de mí en dos segundos, me tendería la mano, me diría que Fermina Daza fue para él la ilusión de lo que yo realmente soy, me diría que no existe otra como yo, tan bella y tan llena, pero tan llena de amor, que el hombre que se jacte de besarme debe ser el más afortunado del planeta, aunque no lo sepa, que mis labios dulces reviven muertos, que las coronas de flores se marchitan pero mis cabellos son inmortales, así como lo es mi tenacidad y mi amor.
He aprendido cosas buenas, cosas malas, me ha dolido el alma, he llorado tanto que me ha dado sed de agua y de vida, pero sepa dios cómo me he levantado, para seguir andando.
El que vive por amor, por amor debe morir, no?
Y yo tengo tanto amor que entregar.
No quiero un hombre que me cuide, que me instrucciones y me mantenga, que me proteja de lo malo de la vida, de lo sucio, de lo feo, lo único que quiero es un hombre que me regale un beso, una sonrisa, una caricia.
Necesito amor.
Ése es el único picor que no puedo rascarme sola.
Necesito besos, necesito abrazos, sentir el aliento en mi hombro, una mano en el cuello, la otra en las caderas, el calor del cuerpo cercano, oír la respiración entrecortada sin palabras definidas, abrir los ojos, solo un poco, para encontrarme con otros cerrados, emborrachados como los míos, mientras mis manos se aferran a una espalda como los náufragos se aferran a los maderos.
Y de aquello sólo necesito un instante.
Tampoco quiero embriagarme todos los días, sólo un trago de licor al terminar la semana, para cargar las pilas, para que mantenga el cielo azul, para dar pasos como siempre los doy.
Tengo tanto amor.
Ese alguien debe entender que mis llamadas a medianoche no son ni de celos ni de llanto, sólo son de preocupación, que esperar paseándome por la tienda mientras él busca lo que quiere no me molesta, que acostarme un tanto incómoda para poder hacerle cariño es un placer entrañable, que las cosas que dan gusto hacer no necesitan ser agradecidas. No necesito ni guardián ni príncipe, sólo alguien que reciba mi amor.
Tanto amor.
Los besos escondidos, las manos inquietas, las caricias robadas, los suspiros sin nombre. Eso es lo que quiero. Porque todo lo demás depende de mí, de nadie más.
Quién me tiende los brazos? Quién recibe mis besos? Quién quiere mi amor? Por que si no lo entrego me muero, si no hago cariño me ahogo, si no lo recibo me duele la piel.
Florentino Ariza esperó medio siglo y obtuvo lo que quiso, y durante la espera se embriagó con destilados baratos encontrados en las calles hasta que el vino que deseaba llegó a su copa.
Yo no quiero esperar. Los destilados baratos se me suben a la cabeza y me taponan los oídos, es el vino caro y bueno el que me endulza la garganta y me adormece los dedos. Eso es lo quiero.
Fermina Daza fue una estúpida. Por motivos que ni ella entiende rechazó aquello que supongo todos buscan, y vivió toda una vida en una casa que nunca fue realmente suya, al lado de alguien que la quería como se quiere a las mascotas y a los autos, y aquella certeza no la dejó siquiera amar a sus hijos en paz.
Tener las manos llenas para luego vaciarlas, por gusto, aquello no lo entiendo. Ver que alguien ofrece para no aceptarlo, tampoco lo entiendo.
Y yo lo único que quiero es tener alguien a quién amar. Nada más, por que tanto amor me está atontando, tanto amor no me deja ver claro, tanto amor parece ser una maldición que desconcierta y desconcentra, como las vasijas demasiado llenas que no se pueden mover porque derraman por todos lados.
Quién quiere mis caricias? Quién quiere mis besos? Quién tiene ganas de escuchar mi risa, de mirar mi sonrisa, de darme la mano, de tomar mi cuello mientras me aferro al suyo?
Por que es eso, nada más.
Las cosas importantes (como nacer, morir, o tener hijos) se hacen solas, los compañeros no existen, la promesas no duran más que un suspiro, los sentimientos cambian. Excepto el amor, al menos el amor que tengo yo.
No me dejen así, aturdida por mi propia intensidad, no me dejen así, con los brazos agotados de las ganas de abrazar y las caderas temblorosas por las ganas de recibir.
Tengo tanto amor. Quién lo quiere? Porque es un crimen que se pierda, que se marchite, que desaparezca como tantas otras cosas, porque es eterno, pero incluso lo eterno no dura para siempre.
Quién lo quiere? Por que tengo tanto para dar.
24-05-09
echar de menos. Extrañar.
Echar de menos. Extrañar.
Parte como un sentimiento pero un instante después se convierte en acto.
Es tener hambre de algo, añorarlo, necesitarlo, recordar que ese algo existe cuando en el momento en que se piensa no está.
Es bueno echar de menos, extrañar. Al menos casi siempre es bueno.
Lo malo es que duele, lo malo es que a veces no tiene sentido.
Cuando se un acto desesperado, cuando no hay seguridades, cuando la pérdida amenaza con ser patente, entonces ahí solamente duele, no consuela.
Un nudo en la garganta, un vacío permanente, eso es lo único que acompaña cuando se extraña.
Espero que ésta sea una de esas veces en las que tiene sentido.
Parte como un sentimiento pero un instante después se convierte en acto.
Es tener hambre de algo, añorarlo, necesitarlo, recordar que ese algo existe cuando en el momento en que se piensa no está.
Es bueno echar de menos, extrañar. Al menos casi siempre es bueno.
Lo malo es que duele, lo malo es que a veces no tiene sentido.
Cuando se un acto desesperado, cuando no hay seguridades, cuando la pérdida amenaza con ser patente, entonces ahí solamente duele, no consuela.
Un nudo en la garganta, un vacío permanente, eso es lo único que acompaña cuando se extraña.
Espero que ésta sea una de esas veces en las que tiene sentido.
no pido mucho
Él se dará cuenta?
Sabe que cuando abro una cajetilla nueva de cigarros tomo los papelitos metálicos y los hago una bolita junto con todo el envoltorio plástico? Habrá notado eso?
O que me es más fácil fumar con la mano izquierda que con la derecha, a pesar de que soy diestra?
Sabrá que cada noche me acuerdo de él antes de irme a dormir, y que cuando voy en el metro me acuerdo de él y me preguntó qué estará haciendo a esa hora?
Somos nosotras solamente las que amamos así? Ellos no?
Cuando un hombre mira a una mujer, le dice que la ama, se lo dice sólo para poder acostarse? O existe el amor? La preocupación, la consideración, la monogamia, son genuinas?
O será que después de varios años de tratar de criarme de una forma distinta resulta que soy tan niña tonta como el resto de la mujeres, que al final simplemente espero algo que nunca podré encontrar?
Nunca le tuve mucha fe al matrimonio. Supongo que tengo motivos para eso, pero de todos modos he intentado cambiar de opinión, pensar que sí es posible amarse para toda la vida, que requiere trabajo, que es difícil pero que al final sí se puede envejecer junto al padre de aquellos hijos que vaya a traer al mundo.
Estaré equivocada? Supongo que sí, el tema es saber si estaba equivocada antes o si la equivocación es la de ahora.
Siempre se vive de fe, no? De esperanzas. De deseos. De planes.
Hoy, tal vez como mucha gente o como muy poca, sé exactamente lo que quiero. Puedo cerrar los ojos y ver a dónde quiero llegar, y cómo voy a llegar a eso. Lo tengo clarísimo. Y sé también como voy a conseguirlo.
Tendré suerte en saber? O será más fácil la vida cuando no se sabe, cuando se camina a ciegas, y sin esperanza y arrastrando los pies?
Tal vez estoy bendecida, o tal vez maldita. Delicado saberlo en días como estos, cuando los ojos hinchados pueden ser testimonio de lágrimas de felicidad o de dolor.
He aprendido muchas cosas. Una de ellas es que uno siempre se levanta. No importa el golpe, o el dolor, o el llanto. Los dolores de estómago pasan con el tiempo, las palabras, como dicen, se las lleva el viento, y hasta que el mundo no explote siempre hay un mañana.
Suena como libro de autoayuda, pero es la más simple de las verdades. Es la única certeza. Algún día moriré, pero antes de eso siempre podré superar lo que sea que me pase. Siempre.
Me repito esas palabras todos los días. Las susurro en mis propios oídos cada mañana en que me cuesta creer que la vida que vivo es la que tengo. El dolor, finalmente, se va. Y nada dura pasa siempre.
Pero hoy pienso, sabrá él como tomo mi café? Conocerá aquellos detalles? Alguien, en el mundo, los conoce? Y más importante, a alguien le importan? Existe alguna persona que camine o sueñe en esta tierra que se preocupe lo suficiente de mí, que me ame lo suficiente, ahora o cuando sea, como para recodar qué prefiero desayunar los días de semana y qué necesito cuando tengo pena?
Pregunto, porque yo sé eso de muchas personas. Sé cómo dar consuelo, sé lo que es que importe.
Habré crecido tanto que por fin veo algunas respuestas?
Cada hora que pasa parece ser un preview del resto de mi vida, una pequeña muestra de cómo se pasarán los años, mientras aparecen las arrugas alrededor de mis ojos, y se pierden las esperanzas, y se ganas otras nuevas, se muere la gente que amo, y otra simplemente desaparece.
He crecido tanto que no me avergüenza llorar, delante de nadie. Pero he aprendido que hay cosas es mejor guardarlas en el silencio de la almohada, en la calidez de los caramelos, para no herir, para no hacer daño, aún cuando me lo hagan.
Hoy, como en muchos días, me declaro incompetente y sobrepasada, pero sé que es un estado momentáneo. Me encuentro dolida y abandonada, desnudando mi alma sola sin que nadie la vea, perdida en medio de mis pensamientos, calculando, tratando de evitar decepciones y malos ratos, tratando de no arrepentirme de aquello que está hecho, esperando dejar de cagarla, como siempre lo hago, esperando madurar, crecer, curtir la piel para que algún día, algún puto día antes de que mis respiros se acaben todas las mierdas que me pasan dejen de dolerme.
Esperando.
He aprendido a esperar.
Habrá algún regalo para mí? Si he aprendido tanto, y me queda tanto más, existirá algo que me de consuelo, que no me traicione, que me haga caminar? No quiero nada especial, no pido recuerdos, ni revelaciones, ni nada especial, solo pido la verdad, y alguien que me abrace cuando tenga ganas de morirme. Nada más.
He renunciado a tanto. Amigos, fiestas, exámenes en la universidad, clases, caricias, se van sin que pueda sujetarlas entre los dedos temblorosos, se pierden, nunca vuelven, dejando promesas vanas. Algún día, dicen, algún día, y no llorarás por las noches, no regalarás sonrisas falsas en las mañanas. Algún día.
Pero la verdad es que no quiero esperar.
No quiero pasar mil años tratando de encontrarle sentido a lo que no lo tiene, temiendo perder todo aquello por lo que he trabajado.
Quiero un beso ahora. Nada más.
Quiero un recreo del daño y la incertidumbre, unas vacaciones de la vida, un instante que me diga que vale la pena seguir, que no me he equivocado de camino, que suspire en mi nuca que no estoy tan mal, que me asegure que los perdidos siempre se encuentran.
Quien me regala una sonrisa como las que yo regalo? Una caricia breve que estremezca los recuerdos, que inspire los deseos. Una promesa, un compromiso, una verdad. Quién me regala eso? Quién se atreve a mirarme a los ojos sin mentirme, sin traicionarme, quién se queda conmigo y recibe todo el amor que tengo para dar?
Los seres humanos son animales complejos, temerosos, piden ser domesticados y atendidos, pero como todo animal salvaje muerden aquella mano que les ha dado comida, entregado refugio y sacado los piojos. Somos animales desconfiados, expectantes, oportunistas.
Tal vez debería comprarme un gato. Por mucho que ignoren es muy raro que traicionen.
Un hijo, un amante, un padre, un hermano, un amigo, en cualquier instante son capaces de abandonar, de romper promesas que con el alma llena juraron respetar.
Y los despojos ahí se quedan, durmiendo en las uñas de alguien que intentó, bajo todos los medios, no perder aquello que tanto adora.
Una cosa es tener miedo. La otra es no querer. Hay segundos en los que se unen, se abrazan, pero luego, con la mirada encogida, dan pasos y se separan.
No tengo miedo a estar sola. Lo que ocurre es que no quiero.
En noches como ésta la confusión se eleva como una reina dominante, sabia, seductora, inspira los errores, las malas decisiones y los arrebatos, se alimenta del miedo y de la pena, y tienta, tienta. No vale la pena, dice. Las almas débiles caen. O serán las sabias?
Quién comete el error? El que se queda, o el que se va?
El que promete o el que cumple?
En medio de tanta mierda, de tantos suspiros, chantajear con al cercanía parece ser la única alternativa, armar planes secretos, mantener los silencios, la falta de lealtad se transforma en método de defensa en vez de traición. Y uno se deforma. La cara exhausta que te devuelve la mirada desde el espejo no es la misma.
Qué fue de la inocencia? Es que siempre se la lleva el viento?
Las justificaciones, los argumentos, las disculpas, pierden el sentido, se extinguen en un baile silencioso y lejano.
Entonces no vale la pena abrir la boca para hablar.
Es curioso. Una persona me dijo una vez que las heridas hechas, hechas se quedan. Que nada que se haga después borra las lágrimas una vez que éstas se han llorado. Que se puede perdonar, pero no olvidar.
Y tiene razón. Lo curioso va en que es esa misma persona la que hoy me tiene embriagándome con la misma agua que lloro, que me hace bailar entre el amor y el miedo. Por otro lado, parece que no está rompiendo ninguna promesa, pues no recuerdo, así a la rápida, que alguna vez me haya regalado alguna.
Meses ya que no nacen ni cartas ni palabras tiernas. Será el principio del fin?, o el fin no tiene principio sino que simplemente se acaba?
Y en medio de todo esto yo no quiero pelear, y a veces ni siquiera quiero saber.
Me conformo con un beso, con una caricia lejana, con que me diga que no me va a dejar, aún cuando sea mentira.
A veces, para no morir, uno necesita una mentira.
Sabe que cuando abro una cajetilla nueva de cigarros tomo los papelitos metálicos y los hago una bolita junto con todo el envoltorio plástico? Habrá notado eso?
O que me es más fácil fumar con la mano izquierda que con la derecha, a pesar de que soy diestra?
Sabrá que cada noche me acuerdo de él antes de irme a dormir, y que cuando voy en el metro me acuerdo de él y me preguntó qué estará haciendo a esa hora?
Somos nosotras solamente las que amamos así? Ellos no?
Cuando un hombre mira a una mujer, le dice que la ama, se lo dice sólo para poder acostarse? O existe el amor? La preocupación, la consideración, la monogamia, son genuinas?
O será que después de varios años de tratar de criarme de una forma distinta resulta que soy tan niña tonta como el resto de la mujeres, que al final simplemente espero algo que nunca podré encontrar?
Nunca le tuve mucha fe al matrimonio. Supongo que tengo motivos para eso, pero de todos modos he intentado cambiar de opinión, pensar que sí es posible amarse para toda la vida, que requiere trabajo, que es difícil pero que al final sí se puede envejecer junto al padre de aquellos hijos que vaya a traer al mundo.
Estaré equivocada? Supongo que sí, el tema es saber si estaba equivocada antes o si la equivocación es la de ahora.
Siempre se vive de fe, no? De esperanzas. De deseos. De planes.
Hoy, tal vez como mucha gente o como muy poca, sé exactamente lo que quiero. Puedo cerrar los ojos y ver a dónde quiero llegar, y cómo voy a llegar a eso. Lo tengo clarísimo. Y sé también como voy a conseguirlo.
Tendré suerte en saber? O será más fácil la vida cuando no se sabe, cuando se camina a ciegas, y sin esperanza y arrastrando los pies?
Tal vez estoy bendecida, o tal vez maldita. Delicado saberlo en días como estos, cuando los ojos hinchados pueden ser testimonio de lágrimas de felicidad o de dolor.
He aprendido muchas cosas. Una de ellas es que uno siempre se levanta. No importa el golpe, o el dolor, o el llanto. Los dolores de estómago pasan con el tiempo, las palabras, como dicen, se las lleva el viento, y hasta que el mundo no explote siempre hay un mañana.
Suena como libro de autoayuda, pero es la más simple de las verdades. Es la única certeza. Algún día moriré, pero antes de eso siempre podré superar lo que sea que me pase. Siempre.
Me repito esas palabras todos los días. Las susurro en mis propios oídos cada mañana en que me cuesta creer que la vida que vivo es la que tengo. El dolor, finalmente, se va. Y nada dura pasa siempre.
Pero hoy pienso, sabrá él como tomo mi café? Conocerá aquellos detalles? Alguien, en el mundo, los conoce? Y más importante, a alguien le importan? Existe alguna persona que camine o sueñe en esta tierra que se preocupe lo suficiente de mí, que me ame lo suficiente, ahora o cuando sea, como para recodar qué prefiero desayunar los días de semana y qué necesito cuando tengo pena?
Pregunto, porque yo sé eso de muchas personas. Sé cómo dar consuelo, sé lo que es que importe.
Habré crecido tanto que por fin veo algunas respuestas?
Cada hora que pasa parece ser un preview del resto de mi vida, una pequeña muestra de cómo se pasarán los años, mientras aparecen las arrugas alrededor de mis ojos, y se pierden las esperanzas, y se ganas otras nuevas, se muere la gente que amo, y otra simplemente desaparece.
He crecido tanto que no me avergüenza llorar, delante de nadie. Pero he aprendido que hay cosas es mejor guardarlas en el silencio de la almohada, en la calidez de los caramelos, para no herir, para no hacer daño, aún cuando me lo hagan.
Hoy, como en muchos días, me declaro incompetente y sobrepasada, pero sé que es un estado momentáneo. Me encuentro dolida y abandonada, desnudando mi alma sola sin que nadie la vea, perdida en medio de mis pensamientos, calculando, tratando de evitar decepciones y malos ratos, tratando de no arrepentirme de aquello que está hecho, esperando dejar de cagarla, como siempre lo hago, esperando madurar, crecer, curtir la piel para que algún día, algún puto día antes de que mis respiros se acaben todas las mierdas que me pasan dejen de dolerme.
Esperando.
He aprendido a esperar.
Habrá algún regalo para mí? Si he aprendido tanto, y me queda tanto más, existirá algo que me de consuelo, que no me traicione, que me haga caminar? No quiero nada especial, no pido recuerdos, ni revelaciones, ni nada especial, solo pido la verdad, y alguien que me abrace cuando tenga ganas de morirme. Nada más.
He renunciado a tanto. Amigos, fiestas, exámenes en la universidad, clases, caricias, se van sin que pueda sujetarlas entre los dedos temblorosos, se pierden, nunca vuelven, dejando promesas vanas. Algún día, dicen, algún día, y no llorarás por las noches, no regalarás sonrisas falsas en las mañanas. Algún día.
Pero la verdad es que no quiero esperar.
No quiero pasar mil años tratando de encontrarle sentido a lo que no lo tiene, temiendo perder todo aquello por lo que he trabajado.
Quiero un beso ahora. Nada más.
Quiero un recreo del daño y la incertidumbre, unas vacaciones de la vida, un instante que me diga que vale la pena seguir, que no me he equivocado de camino, que suspire en mi nuca que no estoy tan mal, que me asegure que los perdidos siempre se encuentran.
Quien me regala una sonrisa como las que yo regalo? Una caricia breve que estremezca los recuerdos, que inspire los deseos. Una promesa, un compromiso, una verdad. Quién me regala eso? Quién se atreve a mirarme a los ojos sin mentirme, sin traicionarme, quién se queda conmigo y recibe todo el amor que tengo para dar?
Los seres humanos son animales complejos, temerosos, piden ser domesticados y atendidos, pero como todo animal salvaje muerden aquella mano que les ha dado comida, entregado refugio y sacado los piojos. Somos animales desconfiados, expectantes, oportunistas.
Tal vez debería comprarme un gato. Por mucho que ignoren es muy raro que traicionen.
Un hijo, un amante, un padre, un hermano, un amigo, en cualquier instante son capaces de abandonar, de romper promesas que con el alma llena juraron respetar.
Y los despojos ahí se quedan, durmiendo en las uñas de alguien que intentó, bajo todos los medios, no perder aquello que tanto adora.
Una cosa es tener miedo. La otra es no querer. Hay segundos en los que se unen, se abrazan, pero luego, con la mirada encogida, dan pasos y se separan.
No tengo miedo a estar sola. Lo que ocurre es que no quiero.
En noches como ésta la confusión se eleva como una reina dominante, sabia, seductora, inspira los errores, las malas decisiones y los arrebatos, se alimenta del miedo y de la pena, y tienta, tienta. No vale la pena, dice. Las almas débiles caen. O serán las sabias?
Quién comete el error? El que se queda, o el que se va?
El que promete o el que cumple?
En medio de tanta mierda, de tantos suspiros, chantajear con al cercanía parece ser la única alternativa, armar planes secretos, mantener los silencios, la falta de lealtad se transforma en método de defensa en vez de traición. Y uno se deforma. La cara exhausta que te devuelve la mirada desde el espejo no es la misma.
Qué fue de la inocencia? Es que siempre se la lleva el viento?
Las justificaciones, los argumentos, las disculpas, pierden el sentido, se extinguen en un baile silencioso y lejano.
Entonces no vale la pena abrir la boca para hablar.
Es curioso. Una persona me dijo una vez que las heridas hechas, hechas se quedan. Que nada que se haga después borra las lágrimas una vez que éstas se han llorado. Que se puede perdonar, pero no olvidar.
Y tiene razón. Lo curioso va en que es esa misma persona la que hoy me tiene embriagándome con la misma agua que lloro, que me hace bailar entre el amor y el miedo. Por otro lado, parece que no está rompiendo ninguna promesa, pues no recuerdo, así a la rápida, que alguna vez me haya regalado alguna.
Meses ya que no nacen ni cartas ni palabras tiernas. Será el principio del fin?, o el fin no tiene principio sino que simplemente se acaba?
Y en medio de todo esto yo no quiero pelear, y a veces ni siquiera quiero saber.
Me conformo con un beso, con una caricia lejana, con que me diga que no me va a dejar, aún cuando sea mentira.
A veces, para no morir, uno necesita una mentira.
tentación
Me bajé de la micro, entre la turba de gente que intentaba subir sin pagar y la otra turba desesperada que intentaba bajar antes de que el bus o los minutos restantes para llegar al trabajo se fueran.
Miré el reloj, me felicité por ser ordenada y levantarme con tiempo suficiente y apreté el paso, como todo el mundo. Si se camina temprano en la mañana sin el ceño fruncido o sin atraso se reciben miradas extrañas.
Bajé las escaleras al metro, sujeté la bip frente al lector, me dio luz verde y pasé. Y cuando estaba tomando la dirección del metro que debía tomar fue cuando ocurrió. Si me conocen, si me han leído saber perfectamente qué fue lo que me ocurrió.
Con la sutileza de esas palabras cuyo significado se sabe pero cuya pronunciación se olvida apareció en la base del estómago la misma tentación de siempre: ¿y si me voy? Si desaparezco, mando el mundo a la mierda y me pierdo entre el tumulto, vendo todo lo que tengo y me voy a un lugar lejano donde nadie me conozca y empiezo de nuevo, sin explicaciones ni rencores.
Un par de segundos apoyada en la baranda del metro, pensando. Sin darme cuenta caminé hacia donde siempre camino, y esperé en el andén el tren que me llevaría parte del viaje hacia el trabajo ineludible. Pero pensaba. La tentación no quería irse. Era como esas canciones pegadizas que dan vueltas en la cabeza, rebotando contra los pensamientos. Yo la ignoraba.
Pensaba en lo de siempre, lo que dirían la familia y los amigos si desaparecía, en la conmoción dolorosa que se formaría, pensaba en que me echarían de menos y se preocuparían.
Me subí al tren, atada por cuerdas eternas que nunca podré cortar. Apretada entre tanta gente, mis responsabilidades no tenían sentido. No tengo hijos ni marido, estoy libre como una paloma, puedo explicarle a la familia y a los amigos con una carta corta que lo mejor para mi alma dolorida es desaparecer y perderse entre los árboles del sur, bañarse con al lluvia amiga, que lo mejor es lamerse las heridas frente a una chimenea a leña, resguardarse hasta que la tormenta pase y volver después. O tal vez no volver nunca.
Las estaciones pasaban. Es una suerte que me baje donde todos bajan. Argumentos a favor, argumentos en contra. Medía las gravedades de la decisión. Nadie entendería, pero eso qué importa lejos, muy lejos, ahí donde la soledad ya no duele daría lo mismo, las palabras amargas no se escuchan, porque el murmuro del lago las acalla.
No me dí cuenta y ya estaba a dos pasos del trabajo.
Mi plan se moría como muere el agua de lluvia cuando las nubes se han agotado y el sol aparece.
El día se presentaba como ese trago de alcohol que se apetece pero se rehúsa a bajar.
Nada que hacer. Al menos por ahora.
Al menos por ahora.
Miré el reloj, me felicité por ser ordenada y levantarme con tiempo suficiente y apreté el paso, como todo el mundo. Si se camina temprano en la mañana sin el ceño fruncido o sin atraso se reciben miradas extrañas.
Bajé las escaleras al metro, sujeté la bip frente al lector, me dio luz verde y pasé. Y cuando estaba tomando la dirección del metro que debía tomar fue cuando ocurrió. Si me conocen, si me han leído saber perfectamente qué fue lo que me ocurrió.
Con la sutileza de esas palabras cuyo significado se sabe pero cuya pronunciación se olvida apareció en la base del estómago la misma tentación de siempre: ¿y si me voy? Si desaparezco, mando el mundo a la mierda y me pierdo entre el tumulto, vendo todo lo que tengo y me voy a un lugar lejano donde nadie me conozca y empiezo de nuevo, sin explicaciones ni rencores.
Un par de segundos apoyada en la baranda del metro, pensando. Sin darme cuenta caminé hacia donde siempre camino, y esperé en el andén el tren que me llevaría parte del viaje hacia el trabajo ineludible. Pero pensaba. La tentación no quería irse. Era como esas canciones pegadizas que dan vueltas en la cabeza, rebotando contra los pensamientos. Yo la ignoraba.
Pensaba en lo de siempre, lo que dirían la familia y los amigos si desaparecía, en la conmoción dolorosa que se formaría, pensaba en que me echarían de menos y se preocuparían.
Me subí al tren, atada por cuerdas eternas que nunca podré cortar. Apretada entre tanta gente, mis responsabilidades no tenían sentido. No tengo hijos ni marido, estoy libre como una paloma, puedo explicarle a la familia y a los amigos con una carta corta que lo mejor para mi alma dolorida es desaparecer y perderse entre los árboles del sur, bañarse con al lluvia amiga, que lo mejor es lamerse las heridas frente a una chimenea a leña, resguardarse hasta que la tormenta pase y volver después. O tal vez no volver nunca.
Las estaciones pasaban. Es una suerte que me baje donde todos bajan. Argumentos a favor, argumentos en contra. Medía las gravedades de la decisión. Nadie entendería, pero eso qué importa lejos, muy lejos, ahí donde la soledad ya no duele daría lo mismo, las palabras amargas no se escuchan, porque el murmuro del lago las acalla.
No me dí cuenta y ya estaba a dos pasos del trabajo.
Mi plan se moría como muere el agua de lluvia cuando las nubes se han agotado y el sol aparece.
El día se presentaba como ese trago de alcohol que se apetece pero se rehúsa a bajar.
Nada que hacer. Al menos por ahora.
Al menos por ahora.
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